Somos la Marea que Vuelve: La Político es Encontrarse

Reflexiones sobre el 38° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianxs, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries en Corrientes

Por Gimena Gonzalez Eastoe

El Encuentro es, desde el origen, un hecho político en sí mismo. Un acontecimiento disruptivo porque logró atravesar crisis sociales, económicas y políticas sin romperse, resistiendo en un tiempo que todo lo vuelve líquido y fugaz. Lo político está, ante todo, en la decisión de encontrarnos: en las horas de viaje, en las recaudaciones a pulmón, en los esfuerzos de cada grupa para llegar; y también en el trabajo inmenso de las comisiones organizadoras provinciales que nos reciben con una generosidad militante que emociona.

El Encuentro trasciende generaciones, territorios e internas partidarias. No es cierto que las juventudes se hayan vuelto de derecha: estuvieron ahí, con sus consignas, su Taller, su agenda y sus decisiones. Las vimos marchar, debatir y sostener con firmeza que otro futuro es posible.

Pintar carteles, bordar trapos, desplegar banderas, llenarse de glitter, pintarse la cara en señal de guerra, ir en culo o completamente tapada. Ponerse una remera con una consigna o escribirla en el cuerpo, porque no se trata solo de gritar en las marchas: también se lucha desde los cuerpos que habitamos. Queremos que nos vean, pero también nos miramos entre nosotras, y en ese gesto de reconocernos sucede algo profundo: nos encontramos.

Se contagian las miradas emocionadas, la piel de gallina, el grito afónico que nace y se multiplica cuando alguien arranca con un “Aleeeeeerta!”. Son los cantitos contra el patriarcado, los saltos cuando ya no quedan energías, los recorridos interminables de punta a punta de la ciudad. Esa vibración colectiva te recuerda por qué insistimos.

La movilización masiva despejó cualquier duda sobre la participación: éramos miles. Somos millones. En un contexto de crisis económica como el actual, no es fácil estar. Yo misma viajé con lo justo, sin comprar casi nada. Y sin embargo, ahí estuvimos, porque hay cosas que no se abandonan.

En los Encuentros hacemos catarsis, pero no desde el lamento: desde la necesidad de confirmar que vemos lo mismo, que sentimos lo mismo. Este modelo neoliberal nos entristece, sí, pero también nos enfurece. Y aun así no nos quita las ganas de transformarlo todo.

¿De qué se trata, entonces, el Encuentro? De debates y estrategias políticas, de una forma de construcción que no replica los modos tradicionales. Es una práctica que articula experiencias territoriales, movimientos sociales, organizaciones, sindicatos y partidos, pero que, a la vez, los desborda. Los talleres son transversales e interseccionales; las discusiones no cierran del todo, no buscan resoluciones definitivas: son instancias de aprendizaje colectivo.

Lo político también está en contextualizar esos debates: nuestras agendas están atravesadas por la denuncia al sistema capitalista de explotación, por la crítica a los modelos que desguazan políticas públicas, por el rechazo a los gobiernos que entregan la soberanía. Claro que hay tensiones: no pensamos igual, venimos de tradiciones distintas. Pero las diferencias nos potencian, no desde un romanticismo vacío, sino desde la convicción de que los puntos en común son más fuertes que aquello que nos separa. Hay exposición, diálogo, escucha y reciprocidad; y también se siente cuando eso se resquebraja, porque no dejamos de estar atravesadas por el mismo tiempo histórico.

Este 38° Encuentro tuvo sus propias particularidades. Estamos a mitad de una gestión mileísta cuyos números son alarmantes y anticipan un escenario aún más cruel. El desmantelamiento de programas de asistencia, la eliminación de áreas claves para abordar violencias machistas, el desfinanciamiento de líneas de atención y la avanzada discursiva contra la perspectiva de género y la ESI profundizan un retroceso gravísimo en materia de derechos. En Argentina hay un femicidio cada 35 horas. La mayoría son cometidos por varones cis que tenían un vínculo con la víctima. No hay datos oficiales actualizados, la justicia no llega o llega tarde. A eso se suma la trata de personas y la feminización de la pobreza. Ese es el panorama concreto que enfrentamos mujeres y disidencias.

Desde 1986, el —antes— Encuentro Nacional de Mujeres y —hoy— Encuentro Plurinacional busca visibilizar urgencias locales y transformar la indignación en acción colectiva. Corrientes volvió a ser sede después de 1994, y el caso de Loan, junto con la denuncia permanente sobre las redes de trata, fue determinante para su elección. El próximo será en Córdoba, y es necesario subrayar que los Encuentros son territorios de resistencia y celebración, espacios donde tramar estrategias, construir alianzas y ensayar otras formas de ejercer el poder.

Porque, en definitiva, nos seguimos encontrando. Y donde algunes ven retroceso, nosotras y nosotres les decimos que somos el mar: la marea que se aleja sólo para tomar impulso y regresar con más fuerza.

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