San Martín: en perspectiva latinoamericana

Por Bárbara López

José de San Martín es, sin dudas, una de las figuras centrales de la historia argentina. Pero su importancia excede ampliamente las fronteras de nuestro país. Su vida, su formación militar y, sobre todo, su estrategia para enfrentar al poder español lo convierten en uno de los grandes protagonistas de las independencias latinoamericanas.

Cada 17 de agosto, cuando recordamos su muerte, aparecen las imágenes conocidas: el cruce de los Andes, el sable corvo, los Granaderos a Caballo, la bandera, las batallas. Pero detrás de ese prócer que aprendimos en la escuela hay una historia mucho más amplia. Una historia que comienza en Yapeyú, continúa en Europa y termina atravesando buena parte de América del Sur.

De Yapeyú a España

José Francisco de San Martín nació el 25 de febrero de 1778 en Yapeyú, en el entonces Virreinato del Río de la Plata. Fue el menor de los cinco hijos de Juan de San Martín y Gregoria Matorras.

Sin embargo, pasó buena parte de su infancia y prácticamente toda su formación militar fuera de América. Cuando todavía era niño, su familia se trasladó a España y allí comenzó una carrera que tendría una importancia decisiva en su futuro.

San Martín estudió en el Seminario de Nobles de Madrid y, siendo muy joven, ingresó al ejército español. Durante más de dos décadas se formó como militar y participó de distintas campañas. Combatió en el norte de África, enfrentó a los británicos y, posteriormente, luchó contra las tropas napoleónicas durante la invasión francesa de España.

En 1808 participó de la batalla de Bailén, una de las victorias más importantes de la resistencia española frente a Napoleón. Su actuación le valió un ascenso y una condecoración.

Hay una paradoja que resulta fundamental para comprender su historia: el hombre que después se convertiría en uno de los grandes libertadores de América aprendió el oficio de la guerra dentro del ejército del imperio español.

Pero durante esos años no solamente adquirió conocimientos militares. Europa atravesaba una profunda transformación política. La Revolución Francesa, las ideas de la Ilustración, la crisis de las monarquías y la invasión napoleónica estaban poniendo en discusión conceptos como soberanía, libertad y legitimidad del poder.

San Martín también entró en contacto con otros americanos que comenzaban a pensar en la emancipación de los territorios españoles de América.

El regreso a América

En 1811 San Martín abandonó el ejército español. Pasó por Londres y finalmente emprendió el regreso a América. El 9 de marzo de 1812 llegó a Buenos Aires a bordo de la fragata George Canning. Tenía 34 años y llevaba consigo más de dos décadas de experiencia militar. 

No regresaba como un joven que iba a aprender a combatir. Regresaba como un militar profesional que había decidido poner sus conocimientos al servicio de la revolución. 

Poco después de su llegada, el gobierno de las Provincias Unidas le encargó organizar un cuerpo de caballería que se convertiría en el Regimiento de Granaderos a Caballo. En 1813 llegó su primera gran victoria en territorio americano: el combate de San Lorenzo. Pero San Lorenzo sería apenas el comienzo.

El problema del Alto Perú

San Martín comenzó a comprender rápidamente que la guerra revolucionaria no podía resolverse únicamente defendiendo Buenos Aires o avanzando por los caminos que ya habían demostrado ser difíciles.

En 1814 asumió el mando del Ejército del Norte. Allí pudo observar de cerca las dificultades que tenían las fuerzas revolucionarias para avanzar hacia el Alto Perú y enfrentarse al poder español.

Y fue entonces cuando comenzó a tomar forma una idea que cambiaría el rumbo de la guerra. Si el camino hacia Lima por el Alto Perú era prácticamente imposible, había que buscar otro. San Martín pensó entonces una estrategia completamente diferente: cruzar los Andes, liberar Chile, organizar una fuerza naval y llegar al Perú por el Pacífico.

No era solamente un plan militar. Era una estrategia pensada a escala continental.

Mendoza y la construcción del Ejército de los Andes

En 1814 San Martín fue nombrado gobernador intendente de Cuyo y se instaló en Mendoza. Durante los siguientes años se dedicó a transformar aquella idea en una fuerza militar concreta. Organizó tropas, consiguió recursos, entrenó soldados, reunió armamento, caballos y alimentos y trabajó en la preparación de una campaña que parecía, para muchos, prácticamente imposible.

El Ejército de los Andes no apareció de un día para otro. Fue el resultado de años de organización y de la movilización de recursos de toda la región. Finalmente, en enero de 1817, comenzó el Cruce de los Andes. El objetivo no era simplemente atravesar una cordillera. Era cambiar la estrategia de la guerra de independencia.

De los Andes a Chile y Perú

El Ejército de los Andes logró derrotar a las fuerzas realistas en Chacabuco, en febrero de 1817. Un año después, la victoria de Maipú consolidó la independencia de Chile.

Pero San Martín no se detuvo allí. Y esto es quizás uno de los elementos más importantes para comprender su dimensión histórica.

Si su objetivo hubiera sido exclusivamente la independencia de las Provincias Unidas, podría haber regresado después de las victorias en Chile.

Pero su proyecto era más amplio. Mientras el poder español continuara controlando el Perú, uno de los principales centros de poder colonial en Sudamérica, la independencia de la región seguiría amenazada.

Por eso San Martín organizó la expedición al Perú. En 1820 partió desde Chile y en 1821 ingresó a Lima, donde proclamó la independencia del Perú.

Argentina, Chile y Perú quedaron así vinculados directamente a la trayectoria militar y política de San Martín.

Su proyecto había atravesado las fronteras de cualquier Estado nacional que podamos reconocer hoy.

San Martín y Bolívar: el encuentro de dos libertadores

La historia de San Martín tiene otro momento decisivo en 1822, cuando se encuentra con Simón Bolívar en Guayaquil. Bolívar había avanzado desde el norte de América del Sur y San Martín desde el sur. Ambos procesos revolucionarios terminaban encontrándose en el territorio del actual Ecuador.

La famosa entrevista de Guayaquil estuvo atravesada por cuestiones militares y políticas: la situación del Perú, la continuidad de la guerra y el futuro de los territorios liberados. Después de aquel encuentro, San Martín decidió abandonar el escenario político y militar peruano, mientras Bolívar continuó la campaña. Durante mucho tiempo, este episodio fue contado principalmente como el gesto de un héroe que decide retirarse para no enfrentarse con otro libertador.

Pero también puede ser leído desde una perspectiva más amplia: Guayaquil fue el encuentro de dos proyectos revolucionarios que habían llegado a un mismo punto de la guerra de independencia sudamericana.

¿Por qué San Martín es tan importante para América Latina?

Quizás esta sea la pregunta central. San Martín es una figura fundamental de la historia argentina, pero reducirlo a la categoría de “Padre de la Patria” puede hacernos perder parte de su dimensión histórica. San Martín actuó en un mundo en el que todavía no existían los Estados nacionales tal como los conocemos actualmente. Su estrategia militar estuvo pensada para enfrentar al poder colonial español a escala sudamericana.

Su recorrido fue: Río de la Plata → Mendoza → Chile → Perú.

Su proyecto necesitaba de la independencia de otros territorios para poder consolidarse. Por eso, San Martín no pertenece únicamente a la historia argentina. Es también una figura central de la historia de las independencias latinoamericanas.

El héroe y la construcción de la memoria

La forma en que recordamos a San Martín tampoco es casual.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, historiadores como Bartolomé Mitre tuvieron un papel fundamental en la construcción de una narrativa de la historia nacional argentina. San Martín fue incorporado a ese relato como uno de los grandes héroes fundadores de la Nación.

Esto no significa que Mitre haya “inventado” a San Martín ni que su obra carezca de valor histórico. Por el contrario, realizó una enorme tarea de recopilación documental y su Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana fue fundamental para la historiografía posterior.

Pero sí significa que cada época construye determinadas maneras de mirar a sus héroes.

Y quizás allí haya una forma interesante de volver a mirar a San Martín. No para quitarle importancia. Sino para agrandarla. Porque cuando dejamos de verlo solamente como el hombre que “cruzó los Andes para liberar Argentina” y lo pensamos dentro de las independencias de América del Sur, aparece una figura todavía más enorme.

San Martín, más allá de la estatua

San Martín nació en Yapeyú, se formó militarmente en España, regresó a América a los 34 años y puso su experiencia al servicio de una revolución que terminaría atravesando todo el continente.

Diseñó una estrategia que parecía imposible, organizó un ejército en Mendoza, cruzó los Andes, participó de la independencia de Chile, llegó al Perú y se encontró con Bolívar en Guayaquil. Su historia es argentina. Pero también es chilena, peruana y latinoamericana.

Y quizás por eso, más de dos siglos después, seguimos volviendo a él. Porque detrás de la estatua, del sable y de las efemérides hay una pregunta que todavía conserva enorme actualidad: ¿Qué significa construir una América verdaderamente independiente? Y esa pregunta, mucho más que cualquier monumento, es la que mantiene viva la figura de San Martín.

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