Memoria disca presente

Memoria disca presente 

Por J.G.

El 24 de marzo a veces nos olvidamos de contar cómo crujían las sillas de ruedas, los bastones y las muletas bajo el peso de la represión.

La dictadura fue un plan de exterminio de quienes pensaban y actuaban de una forma distinta. También se llevaron a José Liborio Poblete, con discapacidad motriz y militante de la Unión Nacional de Discapacitados, quien fue secuestrado y permanece desaparecido. A Claudia Inés Grumberg, estudiante de Sociología, con artritis deformante, la secuestraron y asesinaron; su verdugo fue el represor conocido como “Turco Julián”.

También fueron víctimas Mónica Brull de Guillén, con discapacidad visual, quien desarrollaba su acción junto a vecinos y a otros integrantes de la comunidad ciega del Servicio Nacional de Rehabilitación; fue secuestrada el 7 de diciembre de 1978 junto con su esposo, Juan Agustín Guillén.

El matrimonio de personas ciegas conformado por María Esther Vega y Emilio Etelvino Ravello, fundadores de la Casita de los Ciegos, fue asesinado por la última dictadura militar. El Ejército se apropió del edificio —una casa de una sola planta— y lo utilizó durante 17 años de manera ilegal e ilegítima.

A ellos y ellas no los secuestraron por discas: los secuestraron por revolucionarios. La dictadura no discriminó al reprimir, y la memoria no debe discriminar al recordar. Porque sin una memoria que abrace la diversidad, nunca habrá justicia plena.

Hoy, la crueldad cambió el Falcon Verde por la planilla de Excel.

El gobierno de Javier Milei, Karina Milei y los Caputo no necesita centros clandestinos para aniquilar: le basta una firma para ignorar una ley votada cuatro veces. Mientras tanto, el ministro de Salud, Mario Lugones, rifa nuestras posibilidades de autonomía y vida independiente en mesas de negociación donde se decide quién se queda con los acuerdos con las obras sociales, mientras el colectivo muere en cuotas.

La matemática del desprecio se refleja en las caras de los pibes en las escuelas especiales, donde el Estado destina la miseria de cuatro mil pesos para cubrir tres comidas diarias. No es ahorro: es hambre planificada.

No es impericia, es odio.

Ni un paso atrás. Por los treinta mil, por los compañeros discas y por nuestro derecho a existir en un país que hoy nos quiere invisibles y extintos.

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