La causa de un símbolo
Por Alejandro Dimarco
Este escrito tiene como objetivo profundizar sobre un hecho histórico que marcó para siempre a nuestra Argentina: Malvinas. Una guerra desigual protagonizada por Argentina y Gran Bretaña, llevada adelante por un conjunto de militares que se encontraban tan acorralados por demandas sociales que el único camino que vieron posible para dar vuelta la tortilla en la opinión popular era encontrar un enemigo externo.
El pueblo argentino como lo marca la historia se une contra invasiones extranjeras, no era la primera vez que Argentina tenía que lidiar contra los intereses imperialistas de Inglaterra. Como en 1806 – 1807 los argentinos vieron esta guerra como una causa nacional. Un fuego de dignidad que caracteriza al gen argentino se ponía en marcha.
Corre el año 1982 en Argentina. Tiempos turbulentos para el país, estamos frente a un escenario de Dictadura Militar con Galtieri al mando de la presidencia de la república argentina. Tiempos en los que el plan económico del Proceso de Organización Nacional golpea cada casa, a cada trabajador y trabajadora. Tiempos en donde la crisis social está latente, manifestaciones que terminan en represiones y muchas otras veces con desaparecidos – una práctica que caracteriza estos tiempos-. La dictadura militar golpeaba a la sociedad por todos lados, el contexto nacional no era para nada favorable para el habitante de este suelo.
Frente a estas crisis social, política y económica al país se le va a presentar un escenario que va a marcar a fuego y sangre la historia de este país. El 2 de abril de 1982, sucede el hecho más trascendente de la política exterior de la Argentina a lo largo del siglo XX. La operación Rosario se llevaba adelante, una operación organizada por el gobierno nacional con la intención de que la bandera de Argentina volviera a flamear sobre las Islas Malvinas ocupadas por Gran Bretaña desde 1833. Días después al desembarco argentino en las islas, la plaza de mayo fue colmada por toda la sociedad en su conjunto, ya no importaban las ideologías o las diferencias que se podían tener en ese entonces. Con una plaza llena que celebra la recuperación de las islas, Galtieri decide salir al balcón de la Casa Rosada como un triunfador al grito de “si quieren batalla que vengan, se la presentaremos”. Parecía que la causa nacional había desviado el foco más importante, que Argentina sufría un terrorismo de estado, vulnerando miles y miles de derechos humanos. Ayudados los militares por la prensa de ese entonces la “guerra” ya era un tema de mesa en todas las familias argentinas.
Por un lado, el pueblo argentino haciéndose cargo de la historia y siendo protagonista, por el otro el sector militar que bien sabía hacia dónde estaban mandando a chicos de no más de veinte años a combatir sin ningún tipo de preparación militar. La falta de comida y abrigos también fue un tema de qué hablar. Acá entra el gen argentino que mencioné anteriormente, la Argentina es solidaria por naturaleza, se mandaron abrigos, comida y hasta cartas de los propios familiares de los soldados que fueron mandados al frio del Atlántico Sur. Pocas cosas llegaban a mano de estos. La mercadería y la indumentaria se perdían en el viaje, no es muy disparatado pensar que los propios militares no hacían posible el proceso.
Volvamos al operativo militar, al día siguiente del desembarco argentino, Margaret Thatcher bautizada como “la dama de hierro” entra en el tablero y pone a jugar sus fichas. Con el apoyo de Estados Unidos, Inglaterra enviaba una flota hacia el Atlántico Sur dando lugar al primer bombardeo al Puerto Argentino el 1 de mayo de 1982. Un día después la primera ministra daba luz verde para bombardear el crucero General Belgrano provocando la muerte de 323 de sus tripulantes.
El panorama no era para nada favorable para el ejército argentino. El despliegue militar de Inglaterra era muy superior además de su avanzada tecnológica en armamentos militares. Sangrientos enfrentamientos se dieron durante días hasta que el conflicto ya tenía un ganador claro y el 14 de junio, tras 74 días de guerra el entonces gobernador militar de las islas, Mario Benjamín Menéndez, firmó la rendición argentina. Fueron 649 soldados argentinos muertos.
A 44 años de esta historia me pareció necesario escribir este pantallazo en el que se haga un recorrido de quienes fueron los responsables de esta guerra para que hagamos el ejercicio de relacionarlo con el hoy, preguntarnos dónde estamos parados y hacia dónde queremos ir. Es fundamental señalar a quienes pretenden vernos de rodillas o sumisos frente a intereses imperialistas, estos son los mismos que quieren desmalvinizar a la población, es decir sacarnos todo tinte de identidad nacional. Un claro ejemplo de esto último es el presidente actual de la república Argentina, Javier Milei, que se declara fanático de Margaret Thatcher. Parece que no le alcanza con llevar una política económica destructiva, sino que también se da el mal gusto de honrar a la enemiga número uno de nuestro pueblo. Como toda colonización se necesita de traidores que traicionen a su propio pueblo. Por eso es necesario MALVINIZAR a la población porque va más allá de la guerra de Malvinas. Malvinizar es toda una línea – si se quiere – filosófica que hace a nuestra identidad.
Cuatro principios me parecen interesantes que tengamos en cuenta: Unidad nacional, unidad latinoamericana, independencia económica y soberanía de nuestros pueblos. Recuperemos los símbolos que nos hicieron la nación que somos. Seamos auténticos defensores de la soberanía del país y de la memoria de los que dieron la vida por la dignidad de nuestro pueblo.